¡Nunca dejes de jugar!

Un rato de juego es un rato bien aprovechado.

La Isla de Ludo es un proyecto lúdico basado en el juego libre y cooperativo, el movimiento corporal y la lectura. Creamos actividades, experiencias y espacios donde los niños pueden desarrollar sus capacidades, identificar sus limitaciones y adaptarse a la cultura que viven, siguiendo su propio ritmo.

La Isla de Ludo busca también la implicación de los padres en el proceso de juego de los niños, ofreciendo talleres sobre juegos y juguetes de todas las edades, acompañamiento al juego, y masaje infantil, entre otros.

Algunas ideas...

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Aunque parezca mentira, buscar un espacio de juego para que nuestros bebés jueguen y se muevan con total libertad se torna a veces inmensamente complicado. Se requiere de un espacio seguro, adaptado a sus capacidades, con material apropiado que pueda utilizar sin tener miedo de que se lo trague, de que se haga daño; ya sea al aire libre o bajo techo.

Realizar las tareas domésticas y, además, cuidar de un bebé o niño pequeño que ya se desplaza resulta muy complicado. Más de una familia decide colocar a la niña en su cochecito, hamaca o parque con algún juguete, o ante la tele para que esté más tranquilo mientras se realizan las tareas de la casa; pero, por desgracia y aunque se haga mucho, esto va en detrimento del desarrollo integral del niño o niña.

Una alternativa sería pedir ayuda para las labores domésticas, compartir ambas actividades con otros miembros de la familia, o simplemente, no hacerlas o hacerlas en otro momento. Pero, a veces, ni unas ni otras son posibles, sin entrar a valorar los motivos que nos lleven a considerar la urgencia de la tarea a realizar y no el cuidado y atención de nuestro niño o bebé.

El hábito de lectura comienza en el gusto por los libros, por descubrir mundos reales e imaginarios, por lo que nos hacen sentir las palabras, por la afectividad que genera el acto de leer.

Como padres y madres podemos brindarle a nuestros hijos momentos cargados de sensaciones y emociones, de placer y afecto, mientras dibujamos sobre su piel historias sencillas o elaboradas, leídas o inventadas, cantadas o recitadas. Ofrecerle a tu hijo o hija el placer del sentir las historias en su propia piel es favorecer que sienta el deseo de leer cuando conozca las letras y que lo siga haciendo durante toda su vida.

Ir por la calle y que nuestras hijas vayan dando saltos a nuestro lado, ya sea con la comba o superando las tapas metálicas de la calle, ha sido una constante en nuestros paseos; pero la cosa no ha quedado ahí, pues las camas elásticas, los escalones de los edificios, nuestra propia cama, también han llenado muchos ratos de salto de estos años. Y es que saltar es muy divertido… pero también necesario y beneficioso.

Sé que mis hijas no son las únicas que lo hacen, pero también he visto que esta forma de moverse por la vida de los niños y niñas es a veces reprimida y frenada (sobre todo en las niñas), siendo relegada a saltar los 10 minutos que duran las camas elásticas o castillos inflables… en tiempos de feria y fiestas.

Acariciar, abrazar, besar, tocar, dar un masaje, pasar la mano, hacer cosquillas, frotar, palmear, apretar, mecer: muchas maneras diferentes de entrar en contacto con otra piel, de hacernos sentir y de sentir a otra persona. Necesidad, placer, comunicación, expresión de sentimientos,  conocimiento del entorno, de la otra persona, de nosotros mismos, razones para no dejar de tocar, de tocarnos, de sentir la piel como un aliado de nuestros sentidos, de nuestro yo.

Aún así, en ocasiones se priva a los bebés y a los ya no tanto de estas sensaciones, de estos estímulos; por malos consejos, por miedos, por prejuicios, por no escuchar nuestras necesidades y sentimientos.

En la Cuba de mi infancia no había muchos juguetes. Comprábamos tres al año (básico, no básico y dirigido) y no tenías mucho donde elegir si no te tocaba el primer o segundo día de compra de juguetes. Podías heredarlos, claro está, o bien buscarte la vida con lo que tuvieras o con los de otros amigos o vecinas.

De todos los que recuerdo de esa época, hay tres que podías encontrar en casi cualquier grupo de niños en el patio del colegio o casa de vecina: los palitos chinos (Mikado), los yaquis (jackses o matatenas) o una cuerda para hacer figuras con las manos. Esta última no hacía falta comprarla en ninguna parte, un metro de hilo de estambre (o de lana) era suficiente.

Desde hace mucho tiempo quería preparar un panel numérico, material que conocí a través de la página Aprendiendo Matemáticas, mi “web de cabecera” en lo que a actividades y juegos de matemática se refiere.

A pesar de que tenía el material reunido desde hace más de un año, no fue hasta ayer, después de otra noche de frustración por las matemáticas, que me puse manos a la obra y lo terminé.

El juego de construcción se presenta a lo largo de toda nuestra vida con diferentes niveles de complejidad. Aparece aproximadamente al año de edad, en una versión muy simplificada del mismo y basado fundamentalmente en la acción más que en el resultado final. Con el paso del tiempo, gana en dificultad e intención, convirtiéndose en ocasiones en un juego de reglas, en el que se siguen complicadas instrucciones de montaje.

Si bien este se realiza muchas veces de manera individual, fomentando la autoestima (al conseguir realizar lo que se desea) y la creatividad (proyectando y buscando soluciones a los problemas que se le presentan) entre otros beneficios, el juego de construcción permite la interacción de dos o más personas, promoviendo la cooperación y la colaboración, ya sea montando el mismo objeto o compartiendo piezas para montar objetos diferentes.

La oferta de juguetes actual es extensa y muy variada. Cada familia establece sus criterios de selección y ofrece a sus hijos los que considera apropiados. Pero no sólo deberíamos proporcionarles juguetes para que desarrollen sus juego.

Es bien sabido que los niños pueden llegar a jugar con casi cualquier cosa y existe mucho material que aporta imaginación, creatividad, soluciones a los juegos que muchos juguetes no ofrecen. Objetos comunes y con muchas otras múltiples utilidades y finalidades que en manos de un niño pueden convertirse en un versátil elemento de juego.

El día a día de un bebé de menos de un año transcurre generalmente entre rutinas de sueño, higiene y comida, alguna que otra salida a coger sol y aire y las visitas de familiares; sin dejar de mencionar las horas que pasan fuera los que acuden a una escuela infantil. Pero aunque haya mucho de esto, el día es aún más largo (por suerte) y no tener cómo ocuparlo puede hacer que nuestra frustración sea más grande que nuestra propia casa, con lo que se nos hace imposible estar en ella.
Se recurre entonces a llevarlo en su cochecito de paseo, ponerlo ante la tele en una hamaca o el sofá o colocarlo en su parque o cuna. Pero un bebé lo que desea y necesita es interacción, movimiento, vivencias, y sobretodo mucho contacto y presencia.

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