En la Cuba de mi infancia no había muchos juguetes. Comprábamos tres al año (básico, no básico y dirigido) y no tenías mucho donde elegir si no te tocaba el primer o segundo día de compra de juguetes. Podías heredarlos, claro está, o bien buscarte la vida con lo que tuvieras o con los de otros amigos o vecinas.

De todos los que recuerdo de esa época, hay tres que podías encontrar en casi cualquier grupo de niños en el patio del colegio o casa de vecina: los palitos chinos (Mikado), los yaquis (jackses o matatenas) o una cuerda para hacer figuras con las manos. Esta última no hacía falta comprarla en ninguna parte, un metro de hilo de estambre (o de lana) era suficiente.