Ir por la calle y que nuestras hijas vayan dando saltos a nuestro lado, ya sea con la comba o superando las tapas metálicas de la calle, ha sido una constante en nuestros paseos; pero la cosa no ha quedado ahí, pues las camas elásticas, los escalones de los edificios, nuestra propia cama, también han llenado muchos ratos de salto de estos años. Y es que saltar es muy divertido… pero también necesario y beneficioso.

Sé que mis hijas no son las únicas que lo hacen, pero también he visto que esta forma de moverse por la vida de los niños y niñas es a veces reprimida y frenada (sobre todo en las niñas), siendo relegada a saltar los 10 minutos que duran las camas elásticas o castillos inflables… en tiempos de feria y fiestas.