Una maleta da mucho juego

Realizar las tareas domésticas y, además, cuidar de un bebé o niño pequeño que ya se desplaza resulta muy complicado. Más de una familia decide colocar a la niña en su cochecito, hamaca o parque con algún juguete, o ante la tele para que esté más tranquilo mientras se realizan las tareas de la casa; pero, por desgracia y aunque se haga mucho, esto va en detrimento del desarrollo integral del niño o niña.

Una alternativa sería pedir ayuda para las labores domésticas, compartir ambas actividades con otros miembros de la familia, o simplemente, no hacerlas o hacerlas en otro momento. Pero, a veces, ni unas ni otras son posibles, sin entrar a valorar los motivos que nos lleven a considerar la urgencia de la tarea a realizar y no el cuidado y atención de nuestro niño o bebé.

Juegos de mi infancia

En la Cuba de mi infancia no había muchos juguetes. Comprábamos tres al año (básico, no básico y dirigido) y no tenías mucho donde elegir si no te tocaba el primer o segundo día de compra de juguetes. Podías heredarlos, claro está, o bien buscarte la vida con lo que tuvieras o con los de otros amigos o vecinas.

De todos los que recuerdo de esa época, hay tres que podías encontrar en casi cualquier grupo de niños en el patio del colegio o casa de vecina: los palitos chinos (Mikado), los yaquis (jackses o matatenas) o una cuerda para hacer figuras con las manos. Esta última no hacía falta comprarla en ninguna parte, un metro de hilo de estambre (o de lana) era suficiente.

Un juego para practicar las operaciones numéricas.

Desde hace mucho tiempo quería preparar un panel numérico, material que conocí a través de la página Aprendiendo Matemáticas, mi “web de cabecera” en lo que a actividades y juegos de matemática se refiere.

A pesar de que tenía el material reunido desde hace más de un año, no fue hasta ayer, después de otra noche de frustración por las matemáticas, que me puse manos a la obra y lo terminé.

El juego de construcción: un juego para compartir

El juego de construcción se presenta a lo largo de toda nuestra vida con diferentes niveles de complejidad. Aparece aproximadamente al año de edad, en una versión muy simplificada del mismo y basado fundamentalmente en la acción más que en el resultado final. Con el paso del tiempo, gana en dificultad e intención, convirtiéndose en ocasiones en un juego de reglas, en el que se siguen complicadas instrucciones de montaje.

Si bien este se realiza muchas veces de manera individual, fomentando la autoestima (al conseguir realizar lo que se desea) y la creatividad (proyectando y buscando soluciones a los problemas que se le presentan) entre otros beneficios, el juego de construcción permite la interacción de dos o más personas, promoviendo la cooperación y la colaboración, ya sea montando el mismo objeto o compartiendo piezas para montar objetos diferentes.

Mi bebé aún no tiene un año: ¿a qué juego con ella?

El día a día de un bebé de menos de un año transcurre generalmente entre rutinas de sueño, higiene y comida, alguna que otra salida a coger sol y aire y las visitas de familiares; sin dejar de mencionar las horas que pasan fuera los que acuden a una escuela infantil. Pero aunque haya mucho de esto, el día es aún más largo (por suerte) y no tener cómo ocuparlo puede hacer que nuestra frustración sea más grande que nuestra propia casa, con lo que se nos hace imposible estar en ella.
Se recurre entonces a llevarlo en su cochecito de paseo, ponerlo ante la tele en una hamaca o el sofá o colocarlo en su parque o cuna. Pero un bebé lo que desea y necesita es interacción, movimiento, vivencias, y sobretodo mucho contacto y presencia.

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