Taller Cuentos sobre la piel

El hábito de lectura comienza en el gusto por los libros, por descubrir mundos reales e imaginarios, por lo que nos hacen sentir las palabras, por la afectividad que genera el acto de leer.

Como padres y madres podemos brindarle a nuestros hijos momentos cargados de sensaciones y emociones, de placer y afecto, mientras dibujamos sobre su piel historias sencillas o elaboradas, leídas o inventadas, cantadas o recitadas. Ofrecerle a tu hijo o hija el placer del sentir las historias en su propia piel es favorecer que sienta el deseo de leer cuando conozca las letras y que lo siga haciendo durante toda su vida.

Saltar: un juego para sentir(se).

Ir por la calle y que nuestras hijas vayan dando saltos a nuestro lado, ya sea con la comba o superando las tapas metálicas de la calle, ha sido una constante en nuestros paseos; pero la cosa no ha quedado ahí, pues las camas elásticas, los escalones de los edificios, nuestra propia cama, también han llenado muchos ratos de salto de estos años. Y es que saltar es muy divertido… pero también necesario y beneficioso.

Sé que mis hijas no son las únicas que lo hacen, pero también he visto que esta forma de moverse por la vida de los niños y niñas es a veces reprimida y frenada (sobre todo en las niñas), siendo relegada a saltar los 10 minutos que duran las camas elásticas o castillos inflables… en tiempos de feria y fiestas.

Juegos para acariciar

Acariciar, abrazar, besar, tocar, dar un masaje, pasar la mano, hacer cosquillas, frotar, palmear, apretar, mecer: muchas maneras diferentes de entrar en contacto con otra piel, de hacernos sentir y de sentir a otra persona. Necesidad, placer, comunicación, expresión de sentimientos,  conocimiento del entorno, de la otra persona, de nosotros mismos, razones para no dejar de tocar, de tocarnos, de sentir la piel como un aliado de nuestros sentidos, de nuestro yo.

Aún así, en ocasiones se priva a los bebés y a los ya no tanto de estas sensaciones, de estos estímulos; por malos consejos, por miedos, por prejuicios, por no escuchar nuestras necesidades y sentimientos.

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